Paula Cuenda, CETT Alumni y Mejor Sumiller de Cataluña 2026: “El podio fue íntegramente femenino. Hemos hecho historia”
La CETT Alumni y Head Sommelier de Villa Mas se corona como Mejor Sumiller de Cataluña 2026.
Paula Cuenda, alumni del Diploma Superior Universitario en Sumillería, se ha proclamado ganadora del Premio a Mejor Sumiller de Cataluña 2026 en una final cien por cien femenina celebrada en el Fòrum Gastronòmic de Girona. Este premio, otorgado por la Asociación Catalana de Sumilleres, tiene como finalidad impulsar y poner en valor la profesión de sumiller con la intención de fomentar el conocimiento de los vinos y productos gastronómicos de todo el mundo, especialmente de los de Cataluña.
Hablamos con Paula Cuenda para conocer su trayectoria y el valor de la formación en un sector marcado por la profesionalidad y la tradición.
-
¡Enhorabuena, Paula! ¿Qué ha significado para ti ser elegida Mejor Sumiller de Cataluña?
Es un gran reconocimiento y una gran responsabilidad porque soy muy joven y siempre he querido hacer las cosas como las he hecho desde el principio, con mucho trabajo y dedicación. Este reconocimiento recalca el esfuerzo y la dedicación diarios, y es una gran responsabilidad porque, al final, representar a todas las pequeñas bodegas del territorio catalán es un orgullo y una satisfacción que se alinea con la filosofía de vida que comparto.
-
Has sido la más joven de la final. ¿Cómo afrontas este reconocimiento tan relevante en un sector con tanta trayectoria y tradición?
Creo que las cosas están cambiando a mejor. El oficio de la sumillería siempre ha sido muy clásico y la figura del sumiller ha estado mayoritariamente representada por un hombre, con experiencia y veteranía. Hace tiempo que las mujeres formamos parte del sector, pero creo que ahora mismo estamos saliendo a la luz y cada vez hay más bodegas y restaurantes representados por mujeres.
Creo que estos cambios positivos son fruto de la fuerza y el empoderamiento que aportan las nuevas maneras de hacer. En mi caso, siempre he estado en restaurantes que, por suerte, han apostado por gente joven, y ese impulso da fuerza y ganas para seguir haciendo lo que te gusta y de una forma más personal.
-
Como has mencionado, uno de estos cambios positivos es el aumento de la visibilidad de las mujeres en el sector. ¿Se ha trasladado esta mirada a la competición?
Ha sido increíble. Casi el 50 % de las personas participantes éramos mujeres y el podio fue íntegramente femenino. Lo hablábamos entre compañeras; ha sido un empoderamiento, una sensación muy reconfortante porque, por fin, hemos hecho historia. Esto no ha pasado en ninguna otra zona española y la verdad es que estoy superorgullosa del trabajo que estamos haciendo.
-
La competición exige gran conocimiento teórico y sensibilidad en la práctica. ¿Qué destacarías de tu candidatura y qué cualidades crees que ha valorado el jurado?
Creo que el estilo y la puesta en escena son muy importantes. En mi caso, el hecho de hacer este trabajo a diario es un entrenamiento constante, porque al final no interpreto un papel ni hago una puesta en escena forzada, sino que muestro mi día a día en la atención al cliente. Por otro lado, destacaría la seguridad con la que defiendes un maridaje o una variedad de vino. Tienes que creer lo suficiente en ti para convencer a la clientela de que lo que le estás ofreciendo es lo que debe probar.
-
Hoy puedes decir que eres la mejor sumiller de Cataluña, pero ¿cómo ha sido el camino hasta aquí y de dónde nace tu pasión por el mundo del vino?
De hecho, el CETT tiene mucho que ver. Siempre he estado y estoy muy agradecida a todo el profesorado que me enseñó. Mi camino formativo empezó con el Grado Superior en Dirección de Cocina (FP) y descubrí mi pasión por el vino a base de curiosidad, de conocer restaurantes y de probar maridajes. Ese interés se materializó en el Diploma de Extensión Universitaria en Sumillería tras ganar el Concurso de Cocina y Restauración del CETT, que ofrecía como premio una beca para cualquiera de los estudios del centro.
Mi curiosidad fue creciendo hasta tener la oportunidad de entrar en el Mas Marroch de los hermanos Roca, donde primero estuve en sala y después pasé a ejercer como sumiller. Por eso estoy superorgullosa de estar hoy en el Campus CETT, porque fue el inicio de todo lo que estoy viviendo ahora.
-
¿El buen sumiller nace o se hace? ¿Cómo valoras el papel de la formación en tu trayectoria?
La formación es imprescindible. Puedes nacer con una sensibilidad especial o con un olfato quizá más desarrollado, pero realmente es practicando, entrenando y catando cuando educas tu paladar, tu olfato y todos los sentidos. Así que, respondiendo a la pregunta, no creo que se nazca: hay que ser constante y educar el paladar.
-
A menudo se habla de la sumillería como una profesión exigente y en constante evolución. ¿Cuáles son, para ti, los principales retos de este ámbito hoy en día?
Es un oficio muy gratificante, pero requiere una dedicación constante. Una formación continua para estar a la altura de un mundo que cambia constantemente. Es importante mantenerse actualizado en todos los sentidos, tanto académicamente como en el ámbito vitivinícola. Hay que visitar zonas vinícolas y ver los cambios que experimenta el territorio para entender cómo influyen en los vinos, especialmente con el cambio climático. No podemos tener una copa de vino sin cuidar las bodegas, las zonas vitícolas y el territorio.
-
Y como brindis para cerrar esta conversación, ¿qué consejo darías a una persona que quiere dar el paso y convertirse en sumiller?
Que lo haga desde la pasión, porque al final es un oficio vocacional que no se puede ejercer de otra manera. O sí se puede, pero no se disfruta como debería.